FRÁGILES COMO VASOS DE BARRO | 2 Corintios 4:7

REFLEXIONES EN EL QUEBRANTO

Día 02: «Frágiles como vasos de barro«

¿Alguna vez has pensado que podrías estar viviendo tu último día? Normalmente no nos detenemos a pensar en esto, hasta que de pronto nos sorprende alguna crisis en el cuerpo que nos hace meditar: ¿Valdrá la pena gastar tanto el tiempo y la energía en las cosas que las gasto normalmente? ¿He estado usando bien cada minuto que me ha brindado el Señor? ¿He marcado correctamente las prioridades de mi día a día? ¿Habrán disfrutado los míos lo suficiente de mí de modo que no existan remordimientos?

Hace un par de días me enfrenté a este dilema. En mi lecho de dolor muchas cosas pasaron por mi mente. Gracias a Dios pude decir: “Estoy listo”. Si tuviera que partir ahora lo haría con gozo. Aunque también pensaba en cuánto había planeado para adelante y de cuántas cosas o momentos mi hija se perdería de mi. Mi hogar, mi familia, mi iglesia y cuánta gente que depende de nuestro servicio podrían ser afectados. Y cuánto yo mismo deseaba formar parte de todos ustedes durante mucho tiempo más. En esos momentos me di cuenta de cuán frágiles somos. Y recordé las palabras del apóstol, que cobraron un nuevo sentido para mí:

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.” (2 Co.4:7-10)

De tal forma poética, el siervo trata de expresar que el mensaje es preciosísimo e invaluable, y que el ministerio lleva mucha riquezas, el conocimiento es sin igual, la gloria y el poder resplandecen de Dios como grandes tesoros; pero que ellos mismos, los recipientes o portadores de toda esa majestad, los obreros del Señor, son nada más que vasos de barro. Débiles, frágiles, sin mucha hermosura ni gloria.

Entonces entiendes que la mayor inversión de tu vida no es para con las cosas temporales sino que lo es vivir enteramente para Dios. He allí la eternidad, la gloria, el bienestar y el gozo duradero. Entonces como diría el apóstol Juan: “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:17). 

La idea es que somos frágiles, dependemos enteramente de la soberanía y del poder de nuestro Dios, como el barro depende del alfarero. En cualquier momento, él podría llamarnos a su presencia, y esto quiere decir que nos llama también a rendir los frutos.

Entonces la mejor manera de vivir nuestra vida es para él. Nunca tendremos el control de nada. No busquemos las cosas para nosotros mismos. Así que, mira bien y decide hoy cómo vas a vivir cada día en adelante, que en cualquier momento la fragilidad de esta vida te puede enfrentar a este dilema ¿Y qué responderás entonces?

“Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:14 )

Bendiciones en el Amado.

Puntuación: 5 de 5.

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