En cuanto a este tema Santiago 2:10 dice: «Porque cualquiera que guarda toda la ley pero ofende en un punto se hace culpable de todos.«
La enseñanza bíblica es clara: la Ley dada a Israel no estaba dividida en “partes independientes” (moral, ceremonial y civil), sino que funcionaba como un solo cuerpo legal, un pacto completo entregado exclusivamente a la nación de Israel.
Cuando Santiago declara que “el que ofende en un punto se hace culpable de todos”, está afirmando que la Ley no se podía fragmentar: transgredir un mandamiento equivalía a violar el pacto en su totalidad.
Esa fórmula jurídica aparece también en Gálatas, donde Pablo enseña que “los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición” (Gálatas 3:10), citando Deuteronomio 27:26, un pasaje que condena la desobediencia a cualquier parte del pacto como violación global. Exegéticamente, la Ley debía cumplirse “toda”, sin excepciones y sin gradaciones.
Este principio concuerda con el contexto del Antiguo Testamento: la Ley era un pacto nacional (Éxodo 19:5-6), dado a un pueblo específico, en un tiempo específico, con el fin de regular la vida religiosa, civil y litúrgica de Israel. Nunca vemos a los profetas tratando la Ley como tres sistemas separados; todas las transgresiones eran catalogadas con la misma expresión: “ha quebrantado mi pacto”.
Esa unidad interna explica por qué Jesús declaró que Él vino a cumplir toda la Ley, no una parte (Mateo 5:17), y por qué Pablo la presenta como un yugo que nadie pudo sobrellevar (Hechos 15:10). La Ley como unidad indivisible es también la razón por la que el Nuevo Testamento enseña que el creyente no está “bajo la Ley”, porque estar bajo una sola parte sería estar bajo la totalidad (Gálatas 5:3: “está obligado a guardar toda la ley”).
Así, el argumento bíblico es contundente: la Ley mosaica no se puede dividir sin traicionar su naturaleza de pacto. Era un sistema único, completo y obligatorio en todos sus puntos, y por eso mismo Cristo la cumplió plenamente y la reemplazó con el régimen del Espíritu y la ley de Cristo.
Deja un comentario