HUMILDAD EN EL SERVICIO | Filipenses 2:29

Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí.

La humildad no tiene que ver con una condición de carencia o pobreza material, sino con una pobreza o riqueza interna y personal, es una cuestión de carácter. Los siervos de Dios reciben cierta posición de autoridad, en cuanto al ministerio, y son dignos de todo respeto debido a su obra, pero nunca deben considerarse superiores o mejores que aquellos a quienes dirigen. Este trato digno se ha de extender también a las relaciones entre consiervos. De esta manera, la autoridad de los siervos, más que de señorío, se trata de una posición de servicio. Esto no se limita a la obra o labor de ellos, sino que se extiende hasta el carácter que muestran. Pablo ya lo habría expresado, entrando a este capítulo, de la siguiente manera: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo» (Fil.2:3).

Filipenses también nos ofrece buenos referentes de un liderazgo con humildad:

  1. La humildad de Pablo: Disfrutaba ver crecer a los demás. Estaba dispuesto a lo que fuere por desarrollar el potencial de sus consiervos y el llamamiento de los creyentes. 1:25; 2:17; 3:16-17; 4:3.
  2. La humildad de Timoteo: Aprendía y servía con la fidelidad de un hijo. Sumiso y obediente, anhelaba reflejar siempre a Cristo. 1:1; 2:19-23
  3. La humildad de Epafrodito: Usaba su posición para servir a todos, al punto del sacrificio. Servía con la madurez de un padre. 2:25-30; 4:18.
  4. La humildad de los colaboradores: Evodia, Sintique, Clemente. No les importaba el prestigio, tenían celo e iniciativa. 4:1-3
  5. Podríamos resaltar también: La humildad de los siervos que acompañaron a la entrega de las epístolas de prisión: Epafras, Filemón, Onésimo. Col.4:9; 12-13; Flm.1:4-7; 8-10.

Según esta verdad, la autoridad de los siervos de Dios no se basa en títulos o posiciones ministeriales, sino que se basa en la buena influencia, la cual se desprende de un carácter humilde y de un servicio ejemplar ante los demás.

Jesús también tomaba muy enserio la humildad. Una vez sus discípulos le preguntaron: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mt.18:1). Él respondió colocando a un niño en medio de ellos, y diciendo: “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. Jesús hablaba de la importancia de la humildad. Él mismo se había colocado antes como un ejemplo singular: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt.11:29).

En la Biblia vemos que la soberbia constituye el mayor de los pecados, pues coloca al hombre en un papel de rebeldía ante Dios y le cierra, por tanto, sus bendiciones. De la misma manera, la humildad sería la mayor de las virtudes. Ella nos permite reconocer que Dios es el dueño de nuestras vidas, y que tiene el control de todo lo que gira a nuestro alrededor. De esta manera permitimos que Dios obre a través de nosotros, pues todas las verdades del reino espiritual son percibidas solamente por aquellos con corazón humilde. Los soberbios nunca podrán recibir nada de Dios mientras no se arrepientan, porque “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Stg.4.6). Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5.3). Se refería a los humildes, que reconocen su propia miseria, y claman por el favor de Dios. Ellos son capacitados para recibir las riquezas espirituales y ser usados en el reino de Dios.

La humildad, por tanto, es el ingrediente más importante en la receta del éxito para la vida cristiana y el ministerio de todo siervo de Dios. Debemos saber aplicarla a cada área y en cada momento de nuestro caminar diario. El mundo podrá ver el carácter manso y humilde de Cristo reflejado en sus discípulos.

Para un esclavo o siervo, el camino al honor, la estima y la autoridad es la humildad y el sometimiento fiel.” – Runge, S. E.

REFERENCIAS CRUZADAS:

  • Filipenses 2:3
  • Proverbios 11:33; 22:4
  • Efesios 4:1-3
  • Romanos 12:14-21
  • Efesios 4:22-32
  • Romanos 15:1-3
  • Colosenses 3:12-14
  • 1 Pedro 5:4-11
  • Hechos 20:18-24
  • Salmos 10:17; 22:26; 25:9
  • Isaías 66:2

Puntuación: 5 de 5.

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