ESTUDIO BÍBLICO: 1 JUAN 2:1-2 | Si alguno hubiere pecado

Estamos ingresando al segundo capítulo de la epístola, al cual hemos titulado «Entre lo falso y lo genuino». En este punto hay una breve pausa en el pensamiento del escritor, que él mismo indica con la frase «hijitos míos», una expresión afectiva dirigida a sus lectores iniciales. En los versículos anteriores ha tenido muy presentes a sus opositores y ha citado la clase de afirmaciones que ellos hacían, y que podrían hacer que otros miembros de la iglesia se desviaran. Ahora dirige su atención más específicamente a los miembros de la iglesia para hacerles una solemne exhortación.

Si bien el énfasis del apóstol, sobre los falsos maestros, no va a cambiar, lo que pretende ahora es considerar la problemática desde el punto de la responsabilidad personal del creyente. El hecho de que ellos tuvieran enemigos, en cuanto a la fe, no significaba que estaban exentos de toda culpa. La idea no sólo era identificar la correcta enseñanza, sino vivirla de tal modo que el brillo de ese testimonio opacara el avance de los falsos maestros. Precisamente, entre el primer y segundo capítulo de Juan, se detallan algunas pruebas específicas sobre un verdadero cristiano. Así, por ejemplo, la característica más notable que tiene un hijo de Dios en su vida es el amor evidente en su andar diario. Este es un amor depositado por Dios en su corazón (Ro. 5:5). La primera prueba del amor cristiano tenía que ver con la comunión y la vida de confesión hacia el Padre por medio de Cristo. Ahora, Juan nos hablará de otras pruebas importantes, en esta porción de su carta, que tienen que ver con la demostración de nuestra fe.

SI ALGUNO HUBIERE PECADO. 2:1-2

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

A partir de este capítulo, nos encontraremos con una serie de exhortaciones que podrían parecer redundantes, pero van aumentando gradualmente en su énfasis. Notaremos también, que el apóstol puso la práctica del pecado como un tema primario, y por el lado contrario se resalta la vida consecuente de un verdadero siervo de Dios. Esto se da con el objetivo claro de que, a partir de ese respecto, los lectores sepan discernir adecuadamente entre los maestros que les rodeaban o los que podrían presentarse en adelante. Así, Juan parece estar presentando una sólida defensa contra sus opositores doctrinales, y lo hace de una forma indirecta pero muy clara a la vez.

Hijitos míos.

Quizás ésta es la frase más entrañable que encontramos en las epístolas. Con frecuencia, la empleaba un maestro para con sus estudiantes. Y puede que así sea como la estaba empleando el apóstol Juan.

El sentido de tal expresión “hijitos míos” es muy especial, lleva en sí un significado de una caricia muy cálida y además pura. Sin duda, Dios habría obrado grandemente en un corazón temperamental como lo era el de Juan. Él y su hermano Jacobo habían sido apodados “Boanerges” por Jesús, esto significaba “hijos del trueno”. Pero su encuentro con el «Verbo de vida» no sólo había cambiado su posición ante Dios, también ha transformado su carácter desde lo más interno. Con tal experiencia, más adelante Juan demandaría: “El que no ama no ha conocido a Dios” (4:8)

Sin embargo, la frase “hijitos míos” podría tener un significado más hondo en cuanto a lo espiritual. Se da la idea de que el cristiano ahora goza de una comunión real y estrecha con Dios. Juan siempre tiene en cuenta el nacimiento espiritual. Se comunica la enseñanza de que, al haber ejercido fe en Cristo, se ha nacido en la familia de Dios. En esta nueva relación, los que han nacido de Dios deben reflejarle en sus vidas como una consecuencia natural de ese vínculo. Por tanto, el creyente verdadero se asemeja a Dios en carácter, en voluntad y en propósito.

Estas cosas os escribo

¿A qué se refería el Apóstol cuando dijo “Estas cosas”? Uno podría decir que hablaba de toda su epístola, o que se refería en forma más específica a lo que previamente se decía en el contexto inmediato, y tendría la razón. Sin embargo, si analizamos las cosas en una forma más espiritual, y en armonía con el mensaje general de la Biblia, y que además la epístola de Juan forma parte de las Escrituras, no hay duda de que este es un tema de provisión. La Biblia, como palabra de Dios, es la provisión que Él nos ha dado para prevalecer contra el pecado.

¿Con qué limpiará el joven su camino?
Con guardar tu palabra.
Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes desviarme de tus mandamientos.
En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.

Salmos 119:9

Esta parece ser la forma en la que Juan desea que sus lectores puedan defenderse del engaño de los falsos maestros. Simplemente tienen que permanecer firmes en lo que han aprendido y comparar toda enseñanza que recibieran con lo que Dios ya había revelado es las Escrituras: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. (1 Juan 4:1-3)

Para que no pequéis.

Este capítulo inicia con la tercera razón o propósito de la epístola: “para que no pequéis”. Pero antes de centrarnos en esta declaración tenemos que meditar en la frase anterior: “Estas cosas os escribió para…” Esta parte nos lleva a entender que la petición de Juan se relaciona con todo lo dicho anteriormente. En otras palabras: Lo dicho en el capítulo dos es una consecuencia de lo dicho en el capítulo uno, sobre todo en la parte final. ¿Qué había dicho el apóstol en esa sección? Pues dijo lo siguiente: “Si alguno dice que no tiene pecado, es mentiroso”. Esta frase podría ser mal usada, por algunos, como una permisión a pecar. Por esto Juan declara explícitamente: “Esto os escribo para que no pequéis”.

La Biblia es clara en revelarnos tres aspectos de la persona de Dios: 1) Su carácter: Esto es “Cómo es Dios”. 2) Su obra: Esto es “Qué hace Dios”. 3) Su voluntad: Esto es “Qué quiere Dios”. La voluntad de Dios no es un misterio, y no hay que andar adivinándola. La voluntad de Dios es definida muy bien en Su palabra. Se declara la voluntad de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis. Para descubrirla simplemente hay que leer todos los pasajes con esta pregunta en mente: ¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos? Así, al llegar a este pasaje de la epístola de Juan, podemos responder: “La voluntad de Dios es que no pequemos”.

En la frase que leemos “para que no pequéis” (hina me harmartete), hay un verbo, en tiempo aoristo, que indica acciones pecaminosas concretas más que un estado en pecado. De lo cual, ya se dijo que es imposible que un cristiano viva de tal forma en el pecado: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1:6) Tenemos también: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (3:8-9).

Entonces, Juan no está diciendo que los cristianos nunca más van a pecar, lo que dice es que no deben pecar. Porque, aunque es imposible que un hijo de Dios viva en el pecado, todavía podría pecar en algo específico. Hay, por lo tanto, una diferencia entre pecar y vivir pecando.

Por otro lado, siendo más apegados al contexto, este “no pequéis” no parece referirse a todo tipo de pecado, sino que está relacionado con la enseñanza de los falsos maestros, y que es lo que le preocupa enfatizar al apóstol en toda la epístola, que no imitasen las obras de los malos:

«¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.  Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna. Os he escrito esto sobre los que os engañan.» (1 Juan 2:22-26)

Y si alguno hubiere pecado

y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados”

Esta vez hemos colocado más líneas del texto porque cada pequeña frase tiene que comprenderse en unidad con la oración completa, así se ha de interpretar mucho mejor. Aquí tenemos un tema de prevención. La frase “y si alguno hubiere pecado” confirma lo que hemos dicho anteriormente acerca de la imposibilidad de que un cristiano viva en el pecado pero que, sin embargo, aún podría pecar de alguna manera. No tratándose de los pecados en las que alguien vive de manera deliberada, sino de un pecado involuntario. Es decir, cuando el creyente ha sido vencido de algún modo y haya pecado en algo específico.

Bajo el principio de la prevención, Dios no sólo ha revelado su voluntad en cuanto al pecado, sino también la provisión que nos ha dado para luchar y vivir en victoria contra el pecado. Anteriormente, se había hablado de la provisión de la palabra de Dios, ahora se habla de la provisión dada en Cristo Jesús. No lo que Cristo da, sino él mismo es la provisión. Cristo, como la provisión del Padre contra el pecado, es visto en el pasaje en relación son Su obra redentora. Y se hace esto señalando tres títulos de Cristo que tienen que ver con el derramamiento de Su sangre: El abogado, el justo, y la propiciación.

“Abogado tenemos”

La palabra “Abogado” es la misma que se usa para “consolador” (parakletos), es uno que defiende un caso. La palabra parakletos en sí indica simplemente “alguien llamado a ayudar”; La idea es que alguien es puesto al lado de otra persona para acompañarle en su causa. De allí que él: ayuda, consuela, e intercede por los creyentes (Ro.8:26-27).

Juan quiere animar a los creyentes que suelen sentirse tristes tras cometer un pecado. Cristo es el abogado defensor del creyente. Pero entonces ¿Quién es el consolador, Cristo o el Espíritu Santo? Pues ambos. La diferencia es que el Espíritu representa a Cristo ante nosotros en la tierra, en este tiempo de espera. Mientras que Cristo nos representa a nosotros ante el Padre, en el cielo. Por esto Jesús hablo de “otro consolador” que vendría a realizar esta tarea en cuanto él subiera al cielo (Juan 16:7-14).

Debemos poner atención al término “tenemos”, que denota dos cosas: vigencia y seguridad. Vigencia por el tiempo presente en el que se escribe, no “tendremos” o “tuvimos”. Y seguridad, porque es categórico, no dice “podríamos tener”, o “puede que tengamos”; tampoco es condicionante: “Tendremos si es que…”. Es un absoluto: “Tenemos”. El cristiano tiene a Cristo como un abogado en forma permanente.

Pero un abogado puede ser defensor o acusador. Cristo es defensor de los creyentes (Hijitos míos) pero es abogado acusador de los incrédulos, un día él juzgará a los que no han creído. (Hch.17:30,31)

Es importante notar también el “para con el Padre”. Cristo no nos defiende ante el diablo, o ante algún sistema. Cristo nos defiende ante Dios Padre, que asume el papel del Juez justo. Y de eso hablaremos en el siguiente punto.

“A Jesucristo el Justo”

Dios trae todo pecado a juicio, su santidad lo exige. Por esto Cristo defiende al creyente, que se amparó en él por la fe, presentando el pago completo de la redención en sí mismo, y liberándolo de la ira divina para siempre. Esto es a lo que la Biblia llama justificación por fe o por gracia, ya que no interviene la obra del hombre pecador. Lo único que cuenta es la obra perfecta de Cristo Jesús.

Una vez que el pecador ha sido justificado por Dios, ha entrado en la familia de Dios, se ha relacionado con Dios como hijo y, en el caso de pecar, no necesita otra justificación. Siendo hijo de Dios, necesita el perdón del Padre. Tiene la seguridad del perdón por medio de Jesucristo quien actúa como abogado. El pecado no cesa cuando la vida cristiana comienza. Por eso, Jesús sigue obrando sin cesar a favor del pecador.[1]

“Y Él es la propiciación.”

La propiciación es el único término que se aplica universalmente en esta carta (no sólo por los nuestros sino también por los de todo el mundo), lo cual no quiere decir, por supuesto, que todos los hombres son salvos automáticamente por el hecho de que Cristo haya muerto por todos. Pablo presentó a Dios como “el Salvador de todos los hombres” en 1 Timoteo 4:10, pero añadió “mayormente de los que creen”. Esto simplemente quiere decir que Dios ha efectuado una obra salvífica que es potencial y disponible para todos, pero se han de beneficiar de ésta sólo los que la apliquen sobre sí mismos por medio de la fe. Otra forma en la que Pablo presentó esta verdad se encuentra en Romanos 5. En el verso 18, afirmó que “por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida”. Esto tampoco se ha de entender como que todos los hombres serán justificados. Pues él mismo había declarado en el contexto inmediato que “mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.” (Ro.5:17). Por lo tanto, Cristo es el único medio eficaz de rescate ante Dios. Es un redentor para todos. Pero cada uno tiene que arrepentirse y creer en él.

Esta palabra está relaciona con redención o rescate, sólo que, en vez de graficar el acto de la redención, señala la ofrenda o el medio por el cual se logra dicha redención. La palabra que Juan utiliza es hilasmos que, básicamente, significa expiación. Es aquello que quita la barrera de pecado que está bloqueando la comunión entre Dios y los hombres. Propiciación es, por tanto, la ofrenda expiatoria que logra satisfacer la justicia divina y aplacar su ira, en favor del pecador creyente.


BIBLIOGRAFÍA:

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  • Barclay, W. (2006). Comentario Al Nuevo Testamento (p. 1036). Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial CLIE.
  • Bob Utley, Las cartas de Juan: Cartas y memorias del discípulo amado: El Evangelio y Primera, Segunda y Tercera Cartas de Juan, ed. Patricia Cabral y Gisela Ramos, trans. Walt Emerson Morgan Downs, Comentario del intérprete bíblico (Marshall, TX: Lecciones Bíblicas Internacional, 2015)
  • MacDonald, W. (2004). Comentario Bíblico de William MacDonald: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento (p. 1062). Viladecavalls (Barcelona), España: Editorial CLIE.
  • Collins, A. (1995). Estudios Bíblicos ELA: Comunión sublime (1ra Juan) (p. 5). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.
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  • Jamieson, R., Fausset, A. R., & Brown, D. (2002). Comentario exegético y explicativo de la Biblia – tomo 2: El Nuevo Testamento.
  • Henry H. Halley, Manual Bíblico Halley, RV60

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1 Juan 5:1-10

ESTUDIO BÍBLICO: 1 JUAN 1:5-10 | Este es el mensaje

De inmediato, Juan pasa de ser básico a expresar en forma directa su exhortación. Pretende ser bastante práctico, aunque se enfrenta a temas profundamente doctrinales. El llamado tiene que ver con una vida consecuente entre el conocimiento y la práctica.

ESTUDIO BÍBLICO: 1 JUAN 1:1-4 | La verdad del Testimonio

Juan hizo esta referencia al “principio” para dejar por sentado por lo menos cuatro cosas en cuanto a Cristo: (1) Su preexistencia: Que él es antes que todas las cosas. (2) Su eternidad: Que él existe en sí mismo, sin principio ni fin. (3) Su poderío: Que él creó todas las cosas. (4) Su gloria y majestad: Que él comparte el trono eterno con el Padre.

ESTUDIO BÍBLICO: 1 JUAN | Objetivos de la Epístola

La primera epístola de Juan es una de las pocas en donde el autor mismo comunica sus objetivos de una manera tan específica. Por esto podemos resumir el propósito de Juan en estos 5 puntos claves:

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