ALABANDO EN LA ADVERSIDAD | Salmo 103

REFLEXIONES EN EL QUEBRANTO

Día 05: «Alabando en la adversidad«

En tiempos de adversidad y de pruebas uno está a merced de todo tipo de voces que vienen con variedad de connotaciones. Pero aprendemos a ser selectivos en lo que escuchamos a fin de ahorrar la energía suficiente para aquello que, creemos, sí valdrá el esfuerzo.

Pero para con Dios no es lo mismo, no podemos ser selectivos cuando él quiere hablarnos. A veces será duro lo que nos dice, otras veces nos cargará de responsabilidad, a veces nos animará a ver a otros y renunciar a uno mismo. Sea como sea, tenemos que confiar en que todo lo que Dios nos diga siempre será para resultados de bien.

Definitivamente, en medio de todo, es muy agradable leer algo como esto en las Escrituras:

Él es quien perdona todas tus iniquidades,
Él que sana todas tus dolencias;
Él que rescata del hoyo tu vida,
Él que te corona de favores y misericordias;
Él que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila.
(Sal.103:3-4)

¿No es así? ¿A quién no le agradaría apropiarse de estas bendiciones?

Sin embargo, hay todavía una gran cantidad de cristianos que suelen decir: “Estas promesas son realmente preciosas pero no las veo reflejadas en mi vida muy a menudo que digamos.” La respuesta puede estar en el siguiente punto: 

La mayor parte de las veces, cuando leemos un pasaje como este, tendemos a centrar nuestra atención en las bendiciones prometidas y no tanto en la Persona que otorga aquellas bendiciones. No olvidemos que este salmo comienza diciendo: “Bendice Alma mía a Jehová” la atención más importante está puesta sobre Dios.

Cuando nos acostumbramos a centrar nuestra mirada en las bendiciones, más que en Dios, es natural que luego ya ni eso veamos. Comenzamos a considerar cosas que no son bendiciones como si las fueran y hacer todo por alcanzarlas. Al mismo tiempo pasamos a mirar las verdaderas bendiciones como si no lo fueran, y las solemos llamar de distintas formas como: Aflicciones, dificultades, pruebas, luchas, etc. Terminamos por perder las fuerzas, sentir desánimo y llevar una vida tibia.

Pero aunque no nos guste, Dios sigue hablando y es necesario considerar las cosas cómo él las está mostrando y no sólo como quisiéramos que fuesen. Sólo así estaremos capacitados para dar alabanzas en la adversidad.

Consideremos que la mayoría de salmos como éste han sido escritos en momentos de mucho sufrimiento. Sin embargo, en estos, no se deja de bendecir a Dios: «Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca». (Salmos 34:1)

Dios se glorifica en nuestra sanidad, bienestar, y prosperidad. Pero también en nuestra enfermedad, dolor o escasez. Todos podemos aprender a bendecir a Dios como él se lo merece, incluso cuando sea todo lo que podamos hacer. ¿Cómo lo lograremos?

PRIMERO: Reconoce todos los atributos de Dios por los cuales podemos confiar plenamente en él. Verdades como: Que Él es santo (Sal.103:1); Él es perdonador (Sal.103:3a); Él es sanador (Sal.103:3b); Él es lleno de gracia; (Sal.103:4-5); Él es justo (Sal.103:6); Él es misericordioso (Sal.103:7-11); y que Él es compasivo (Sal.103:12-16).

SEGUNDO: Cuando te sientas sin fuerzas, acuérdate de esos atributos y comienza a darles una aplicación devocional en tu circunstancia. Por ejemplo:

  1. Si te sientes como tentado, o que Dios no te hace caso, o que sólo te trae males. Recuerda que él es santo y nada impuro o malo puede venir de él para nuestras vidas. Sin embargo Dios permite que atravesemos estas cosas pero no para nuestro mal, sino para nuestro bien. Muchas veces las situaciones que estamos pasando son bendiciones aunque en el momento no las veamos así, pero si aprendemos a enfocarnos más en “cómo es Dios” que en “por qué pasamos esto” entonces podremos afinar nuestra vista espiritual y ver cuán bendecidos somos.
  2. Si te sientes con culpa, o que eres tan indigno que no puedes ni debes ser perdonado por el Señor. Recuerda que él es perdonador, nada de lo que hayas hecho puede cambiar la verdad de que él siempre será perdonador. El hecho de que tu seas perdonado no depende de cuán grande sea tu culpa, sino de cuán grande es tu perdonador.
  3. Si te sientes abatido, enfermo o quebrantado de corazón. Recuerda que él es sanador. Y no es sólo que él “puede sanar” sino que “es sanador”, muchos buscan su sanidad, pero no le buscan a él y es por eso que no sienten ninguna sanidad. Dios es sanador, no busques su sanidad sino su persona, y experimentarás la verdadera sanidad con la fortaleza que estás necesitando.
  4. Si te sientes inmerecedor, o quizás que «no recibes nada bueno«. Recuerda que Dios es lleno de gracia y bendición. En este salmo David va a mencionar la gracia de Dios por medio de palabras como: Beneficios, favores, misericordias, bien. Si consideras las verdaderas bendiciones como lo que son, y dejas de ver como bendiciones a las cosas que en verdad no lo son, entonces te darías cuenta de ´que tanto estás siendo bendecido cada día.
  5. Si te sientes abandonado, dañado, que sólo te hacen cosas malas e injustas. Recuerda que él es justo, y dará el pago merecido a los malos que no se arrepienten. Pero también recuerda que él es misericordioso y compasivo, Dios no sólo tiene misericordia de ti sino también de aquellos que procuran tu mal. Así es su corazón, rebosa de amor puro.

TERCERO: Alaba a Dios y bendice Su nombre con todo tu ser.

«Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.«
(Salmo 9:1)

En tiempos de dificultad nos va a ser más fácil alabar a Dios cuando reconocemos y confiamos plenamente en cómo es él y cómo obra. En Base a los atributos observados, alaba a Dios no importando tu dificultad.

  • Alábale con esperanza.
    Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28)
  • Alábale sin culpa.
    Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.” (Romanos 4:7)
  • Alábale con mucha confianza.
    Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.” (Isaías 41:13)
  • Alábale con gratitud.
    “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.» (Salmo 100:4)
  • Alábale perdonando a otros.
    ”Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.” (Marcos 11:25)

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. (Santiago 5:13)

Bendiciones en el Amado.

Puntuación: 5 de 5.
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