EL ULTIMO SALMO DE DAVID | 2 Samuel 23:1-7

Todos sabemos que nuestras últimas palabras serán las que más significado habrán tenido en nuestro día a día. Hablarán de lo que abunda y reina en nuestro corazón. Ese será nuestro tesoro y nuestro legado. En su último escrito, David nos entrega un tesoro de amor y esperanza en torno a la persona de Cristo. De lo cual podemos aprender mucho para nuestras vidas y ministerios.

1. La humildad como complemento vital en el ministerio del siervo de Dios. v.1

«Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob, El dulce cantor de Israel

David tenía un corazón humilde, los años y la posición no le habían hecho olvidar sus inicios ni sus raíces. Para sus últimas palabras David comienza por entonar con un dulce honor, y con una división de cuatro etapas, la escala ascendente de su vida:

David, hijo de Isaí. En honor a sus raíces humildes con su familia de pastores.

Varón que fue levantado en alto. Probablemente recordando la exaltación frente a sus hermanos, y la victoria frente a Goliat, siendo él el más pequeño y menospreciado.

El Ungido del Dios de Jacob. En honor a la gracia del Señor para hacerlo Rey, David reconoce que por sus propias manos y fuerzas jamás hubiera llegado a ser príncipe de su pueblo.

El dulce cantor de Israel. David se convertiría en la inspiración para toda su nación, un hombre conforme al corazón de Dios que fue recordado más que por sus fracasos por su entrega singular al adorar y alabar a Dios fuese cual fuere su circunstancia.

2. La Palabra de Dios como la fortaleza más importante en el siervo. v.2-3a, 5

A pesar de la profundidad de su amor por Dios y la gracia Divina que le había rodeado en toda su vida, no todo terminaba como David lo hubiera soñado. En el verso 5 David expresaría su dolor por la forma en que terminó su casa: «No es así mi casa para con Dios«.

Pero la esperanza que David tenía en el corazón, la misma que le sostuvo a la muerte de su hijito recién nacido, era lo que llenaba de gozo y tranquilidad su ser entero a un paso de partir de este mundo. La esperanza de David radicaba en su convicción de una mejor vida, la vida perfecta en el reino de Dios.

Esta convicción no venía de mitos o de una mera creencia suya, venía de la misma palabra de Dios. David expresó:

• «El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua» (v.2)

• «El Dios de Israel ha dicho, me habló la roca de Israel…» (v.3a)

Con esta frase, David deja en claro que sus convicciones se basaban en lo que Dios había dicho. De inmediato entendemos que no puede haber verdadera esperanza en nosotros que vaya más allá de las adversidades, y aun de la misma muerte, si nuestras convicciones no están fundadas en la palabra de Dios.

Miremos como esta profunda confianza, en la palabra de Dios, traía a su vez una profunda esperanza en el corazón de David:

«No es así mi casa para con Dios; Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado, Aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo.» (v.5)

3. La venida mesiánica como esperanza y fortaleza del siervo, más allá de cualquier frontera. vv.3b-7

No hay dudas, David fue un hombre como todos nosotros, lleno de errores y caídas, pero también fue un hombre muy privilegiado. Recibió consuelo de la misma voz del Señor, pero lo quiso compartir con todos nosotros. Y es que está gran esperanza que latía en su corazón es también para todos nosotros.

La pronta venida del Mesías nos aguarda y con ella todo un mar de bendiciones:

• Un justo que gobernará con el temor de Jehová. v.3b

• Un Rey que iluminará a todos y saciará la sed del alma. v.4

• Un Señor que cumplirá todos sus pactos. v.5

• Un juez justo que nos dará paz de nuestros enemigos. v.6

¿Por qué habremos de angustiarnos y desesperarnos en gran manera? ¡Jesús viene pronto! y con él la paz y dicha que nuestra alma tanto ha anhelado. Cuando pensamos en nuestro encuentro con el Mesías todos los problemas de la vida se vuelven diminutos, no hay comparación. Como lo expresaría Pablo, en esta manera:

«Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.» (Romanos 8:18)

«Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.» (2 Corintios 4:16-18)

Según  todo lo tratado, en Cristo, y sólo en Cristo, se han vencido las fronteras:

* Del fracaso.
* Del tiempo.
* De la distancia.
* Del sufrimiento.
* Del dolor.
* Del desánimo.
* Y de la misma muerte.

Verso de memoria: Salmos 119:47
«Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado

Muchas bendiciones
Pastor Jonatán

Un comentario sobre “EL ULTIMO SALMO DE DAVID | 2 Samuel 23:1-7

Agrega el tuyo

  1. Muy lindo lo expresado en este escrito , Dios permita y los cristianos de hoy tengamos un corazón como el de David para adorar a Dios . Gracias por este escrito

Deja un comentario

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: